Una Historia Real
En 1845, los médicos de la Corte tomaban una decisión que, sin saberlo, cambiaría el futuro de San Sebastián. Por aquel entonces, las afecciones de piel de la reina Isabel II se habían convertido en un serio problema que reclamaba soluciones. Los doctores aconsejaran a su Majestad un tratamiento a base de baños de mar. La corte, siguiendo sus consejos, se desplazó durante el verano al norte. Pronto le seguiría toda la aristocracia. La ciudad se convirtió así en el lugar de moda, el centro de verano más importante de la España de finales del siglo XIX. Tras la muerte del rey Alfonso XII, ocurrida en 1885, la reina regente María Cristina continuó con la tradición y, verano tras verano, trasladaba todo el glamour de la Corte a las playas del Cantábrico.
Al comenzar el siglo XX, la otrora pequeña urbe se había transformado en uno de los centros más atractivos para veraneantes pertenecientes a toda la aristocracia europea. Su desarrollo demográfico fue espectacular. En apenas 45 años triplicó su población, que pasó de 20.823 habitantes en 1880 a los 65.930 registrados en 1925. San Sebastián actuaba como un potente imán para las clases adineradas, banqueros e industriales. Visitantes llegados de todo el mundo paseaban por sus calles y llenaban sus terrazas, especialmente mientras Europa se desangraba en la Gran Guerra y durante los llamados felices años 20.
En esta época, San Sebastián se encontraba a la vanguardia de la innovación y la industrialización. Derribadas las murallas que impedían el crecimiento de la urbe , se inició a gran velocidad el camino hacia la modernidad.. Así la ciudad fue pionera en la instalación del tranvía, el alumbrado eléctrico callejero y el teléfono. También fue el momento de las grandes construcciones. San Sebastián se llenó de enormes y bellos edificios. La belle époque había llegado y el estilo ecléctico campaba a sus anchas. En poco tiempo, surgieron el teatro Victoria Eugenia, el Casino -más tarde reconvertido en Ayuntamiento- y, sobre todo, el impresionante Hotel María Cristina, construido en 1912 por el arquitecto francés Charles Mewes, autor también del hoteles Ritz de Madrid y París. Cuando el hotel abrió sus puertas, el 9 de julio, la primera persona que cruzó su umbral no podía ser otra que la regente María Cristina. Llegó en un precioso Landó, junto a una dama de compañía y al marqués de Aguilar de Campoo.
En una ciudad pletórica y llena de vida el hotel se convirtió en el orgullo de los habitantes, en el centro de sus actividades sociales y culturales. En sus lujosos salones se reunía lo más granado de la sociedad. Durante la Primera Guerra Mundial, el María Cristina fue el punto de encuentro de políticos y artistas, quienes más tarde cederían el lugar a los estilistas y la moda parisina, con Coco Chanel, Jena Patou y Paul Poiret a la cabeza, especialmente durante los años de posguerra. En 1925, con la prohibición del juego y el consiguiente cierre del Casino, la ciudad inició una lenta decadencia. El Pacto de San Sebastián de 1930 trajo la República y los jefes de los diferentes partidos se reunieron aquí para acordar un frente común. En 1936, el estallido de la Guerra Civil puso punto y final a la época dorada de la ciudad. Durante la contienda, el hotel fue asaltado por unidades de la Guardia Civil leales al Gobierno de la República. Aunque el edificio sufrió pocos daños, todavía hoy es posible apreciar en su fachada algunos orificios de los proyectiles.
Tras la segunda Guerra Mundial, se realizaran varias ampliaciones y renovaciones en el hotel. En 1948, de la mano del arquitecto Manuel Urcola, se añadió un ala y se convirtió su antigua planta en forma de L en una U. En 1985, bajo la dirección del arquitecto José Miguel Martín Herrera, el hotel alcanzó la categoría de cinco estrellas.
El hotel de las estrellas
Desde el 21 de septiembre de 1953, cuando comenzó la I edición del Festival de Cine de San Sebastián, el nombre del hotel María Cristina ha aportado una personalidad y una imagen internacionalmente reconocibles al acontecimiento. Grandes e ilustres estrellas del celuloide eligieron y eligen año tras año el María Cristina para alojarse durante su estancia en la ciudad. Gregory Peck, Glenn Ford, Julie Andrews, Kirk Douglas, Robert Mitchum, Robert De Niro, Sophia Loren, Elizabeth Taylor, Woody Allen, Susan Sarandon, Bette Davis, Lauren Bacall, Al Pacino, Michael Douglas, Peter O'Toole, Harrison Ford, Mel Gibson o los españoles Fernando Fernán-Gómez, Pedro Almodóvar y Francisco Rabal disfrutaron de las atenciones y comodidades de este hotel de lujo. El caso de la actriz Bette Davis es especialmente singular. Muy enferma, y a pesar de que los médicos le recomendaban reposo total, no dudó en aceptar la invitación del festival.